sábado, 9 de octubre de 2010

temblor en el tiempo


Uno despierta sabiendo que soñó aquel tiempo
en donde el amor era el silencio puro y perfecto
entre dos oídos muy atentos,
en donde la tristeza existía
más que todo
para escribir cartas,
en donde
el otro llenaba de magia
hasta el más mínimo detalle de los días.

Uno despierta para encontrar, otra vez,

esa sensación que llega
como en esos atardeceres mortuorios,
esa sensación dura y pesada como el orgullo,
esa sensación que quiere decir y que dice

que estarán unidos para siempre
-o por lo menos por ahora-
la incertidumbre caótica de seguir transitando los días

y la incansable y suicida tarea del amor.